Seres alegres, míticos, juguetones y carismáticos habitan los ríos de la Amazonía y Orinoquía. Colombia tiene dos especies: el delfin rosado, que mide hasta 2.8 metros y pesa 280 kilos y es el delfín de agua dulce más grande del mundo. Y el delfin gris que alcanza 1.6 metros y pesa 50 kilos. Los delfines, originalmente son especies marinas, que se adaptaron a las aguas dulces de las cuencas Amazonas y Orinoco hace entre 5 y 1,2 millones de años. La presencia de delfines de río evidencian buena calidad del agua y sobre la riqueza ecológica de los ríos. Al conservarlos estamos protegiendo también a nutrias, manatís, tortugas, cocodrilos que comparten su hábitat, así como a todas las especies de peces que les sirven de alimentos a los delfines de río y a las poblaciones humanas. Los delfines de río se alimentan de más de 50 especies de peces, su presencia es un buen indicador económico pesquero. Para muchos pueblos del Amazonas y de la Orinoquía el delfín de río tiene poderes sobrenaturales, enamoran a las mujeres, viven en ciudades subacuáticas, poseen los espíritus de los ahogados. El 94% de los turistas que viajan al departamento de Amazonas quieren ver delfines de río. Con ríos en buena salud, delfines protegidos y buenas prácticas de turísmo sostenible, una de las zonas con más biodiversidad en el planeta podría tener un crecimiento económico sostenible a largo plazo. Actualmente, la contaminación, la minería ilegal, los conflictos con las actividades pesqueras, la sobrepesca y cacería, la construcción de represas, la deforestación, la producción petrolera y el tránsito frecuente de barcos amenazan la supervivencia de los delfines de río.