Existen diversas razones científicas y éticas que detallan la importancia de respetar su espacio, con la intención de garantizar así la conservación de estas especies y el bienestar de los ecosistemas marinos.
Es en este escenario donde las ballenas suelen acercarse a las embarcaciones, lo que ha generado una dinámica de interacción entre humanos y cetáceos.
Aunque este comportamiento puede parecer amistoso, es fundamental recordar que las ballenas no están allí para interactuar con los turistas, sino que se acercan por curiosidad.
De acuerdo con Francisco Gómez, director ejecutivo del Museo de la Ballena y Ciencias del Mar, la cercanía entre turistas y ballenas debe ser siempre bajo las normas que estipula la Norma Oficial Mexicana NOM-131-Semernat-2010.
Esta normativa establece lineamientos claros para el avistamiento responsable, evitando cualquier contacto físico con las ballenas.
Es importante resaltar que el contacto directo puede generarles estrés y alterar su comportamiento natural, lo cual podría tener consecuencias a largo plazo para su salud y bienestar.
El contacto físico con las ballenas grises no solo pone en riesgo a los cetáceos, sino que también puede afectar el equilibrio ecológico de las lagunas.
La cercanía de las embarcaciones puede generar olas de choque que alteren la tranquilidad del entorno.
Además, el contacto físico puede interferir con las actividades naturales de las ballenas, como la migración o la crianza de las crías, lo que afecta el proceso reproductivo de la especie.
Con la intención de proteger a las ballenas, la dirección de Ecología y Medio Ambiente de Los Cabos instó a los prestadores de servicios turísticos y a la comunidad en general a respetar las distancias establecidas para avistar las ballenas, ya que la región forma parte de su ruta migratoria.
Si bien es tentador acercarse a ellas, lo más responsable es observarlas desde la distancia y garantizar que las condiciones sean favorables para su desplazamiento sin obstáculos.