La doctora Josmary Brazón, jefa del Laboratorio de Neurofarmacología Celular del Centro de Biofísica y Bioquímica (CBB) del IVIC, y su equipo han determinado que el extracto acuoso de esta flor actúa a distintos niveles del sistema hemostático. Ahora, el IVIC busca que dicho compuesto, un tanino condensado denominado Browplasminin que es un inhibidor de la plasmina, se pueda convertir en un agente terapéutico, un fármaco con sello venezolano. Sin embargo, en el caso de la menorragia este equilibrio entre los factores que conforman la hemostasia está alterado por un incremento en los componentes del sistema fibrinolítico, especialmente de la plasmina, enzima encargada (en condiciones fisiológica) de mantener la fluidez de la sangre evitando la formación de coágulos. La especialista indicó que el sistema hemostático juega un papel importante para controlar la perdida de sangre menstrual a través de un equilibrio altamente regulado por factores procoagulantes, anticoagulantes, fibrinolíticos y antifibrinolíticos. La doctora Brazón señaló que desde el punto de vista in vitro la actividad de Browplasminin fue comparada con aprotinina, ácido tranexámico (AT) y epsilo-aminocaproico (EACA), que son los principios activos de los compuestos que se usan comercialmente para controlar este trastorno menstrual. Los resultados de su investigación indican que la actividad antiplasmina de la rosa de montaña fue similar a la de AT y EACA, pero mayor que la de la aprotinina. Estos hallazgos son los que permiten pensar en Browplasminin como un potencial agente terapéutico. La doctora Brazón alertó que no es recomendable ingerir la infusión que se hace con la rosa de montaña para regular el sangrado menstrual excesivo, debido a que en el extracto de las flores de Brownea grandiceps existen otros componentes con actividad fibrinogenolítica y fibronectinasa que podrían exacerbar el sangrado menstrual y en lugar de regular lo que va es a ocasionar que el mismo sea más intenso.